No faltará quien diga que el problema de la inseguridad del país es un problema eminentemente ciudadano, cultural, ético, existencial, que el cambio está de parte de la ciudadanía, etc. De alguna forma, e incluso, en su forma crucial, es así. No obstante, es justamente por eso que es un problema político. Si bien la culpa de un homicidio es siempre del homicida, es responsabilidad del gobierno administrar esas culpas buscando generar justicia. Que más del 90% de las muertes violentas en el país sean impunes, deja en evidencia que hay un problema de estructura política. Cuando ésta se genera como forma de garantizar la vida de los hombres, es sobre la base de que hay una tendencia del ciudadano, o del sujeto en general, a ser peligroso para los otros. Quitar la responsabilidad al gobierno de la violencia de los ciudadanos es desconocer el origen mismo de la construcción política. Esta postura es particularmente preocupante cuando la toman algunos de los funcionarios del estado, ya que admiten tácitamente que no tienen las herramientas para hacerse cargo de su labor principal. Se rinden ante una espontaneidad caótica, esperando que ella misma se autorregule milagrosamente.
Sobre todo esto hay mucho que meditar, investigar y escribir, sin embargo, es pertinente brindar este corto escrito en esta época de manifestación pública de descontento. Mucho se le ha reprochado a los estudiantes que hoy protestan el que sus salidas no gozan de contenido político, y puede que sea cierto. Empero, la indeterminación de las protestas en Venezuela es un reflejo de esta carencia primordial, la ausencia de política. Esa indeterminación de la protesta intenta articular, entre cantos, concentraciones y marchas, una solicitud legítima: la de que se haga con urgencia una revalorización de la vida.
Sobre todo esto hay mucho que meditar, investigar y escribir, sin embargo, es pertinente brindar este corto escrito en esta época de manifestación pública de descontento. Mucho se le ha reprochado a los estudiantes que hoy protestan el que sus salidas no gozan de contenido político, y puede que sea cierto. Empero, la indeterminación de las protestas en Venezuela es un reflejo de esta carencia primordial, la ausencia de política. Esa indeterminación de la protesta intenta articular, entre cantos, concentraciones y marchas, una solicitud legítima: la de que se haga con urgencia una revalorización de la vida.

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