domingo, 6 de abril de 2014

Una sociedad estancada.


El fenómeno que experimenta Venezuela, toda la teoría socialista, donde constantemente se habla bajo contextos sociales, de la redistribución de los bienes de forma "justa" termina siendo una narrativa que solo beneficia a los empresarios prebendarios y los dirigentes sindicales corruptos que van ahogando la actividad económica en una carrera enloquecida por apoderarse del fruto del trabajo de los demás. Ayn Rand recurre sistemáticamente a la palabra saqueo y saqueadores, para describir a aquellos que usan el monopolio de la fuerza del Estado para, siempre bajo argumentos de solidaridad social, apropiarse del ingreso de la gente productiva. Y es que si son pocos los que producen y muchos los que consumen y, encima, a los pocos que producen el Estado los agobia con impuestos, regulaciones, extorsiones y demás medidas compulsivas, el sistema económico termina colapsando. En el momento que no queda nadie para producir los burócratas entran en desesperación dado que ya no tienen cómo conseguir recursos para "redistribuirlos solidariamente" ya que los que producían se cansaron de ser saqueados. Es más, los corruptos entran en pánico porque tampoco tienen a quien "sobornar" ante la ausencia de producción.

Quien viva en la Venezuela del chavismo y por extensión del madurato, tal vez coincida conmigo, que hoy Venezuela tiene una fuerte coincidencia con el libro Rebelión del Atlas de Ayn Rand. La burocracia ahoga la capacidad de innovación de la gente productiva con múltiples y arbitrarias regulaciones. A diario nos enteramos de escandalosos casos de corrupción, el dinero no fluye a los que se esfuerzan y producen y el Estado utiliza cuánto medio tiene a su alcance para destruir empresas, o bien ahogarlas financiera y económicamente mediante controles de precios para luego estatizarlas con el objeto de beneficiar a unos pocos amigos del poder o simplemente para vengarse de quienes no piensan como los gobernantes.

Hoy, el venezolano siente que no tiene caso ahorrar para el futuro. No visualiza un mediano y largo plazo que le permita planificar su desarrollo. Se limita a levantarse todas las mañanas y ver cómo puede hacer para sobrevivir.

¿Por qué ocurre esta situación de angustiante incertidumbre? Porque el Gobierno, por las razones que fueran, se ha transformado en una cuadrilla de demolición de la economía y ante cualquier opinión contraria, amenaza con avanzar con la máquina topadora para dejar más escombros, regulando, presionando, prohibiendo, etc.

En nombre de la solidaridad social se destruyeron la industria ganadera y láctea, de siembra y cultivo. Venezuela importa hasta los granos de frijol negro (caraotas) algo que resulta hasta inverosímil. 

¿Qué otra cosa sino saqueo son los US$ 20.000 millones de dólares que se han desaparecido de Venezuela a manos de CADIVI? El monto fugado es casi equivalente al total de depósitos del sector privado en el sistema financiero. ¿Cuántos créditos podrían darse hoy a tasas más bajas si el Gobierno no hubiese destruido la seguridad jurídica con sus constantes avances sobre la propiedad privada?

Con las cuentas fiscales haciendo agua, ¿quién va a animarse a traer sus ahorros a Venezuela si sabe que se lo pueden confiscar en cualquier momento bajo el argumento de la soberanía nacional y las políticas redistributivas? 

Dicho en otros términos, nuestro problema económico es sólo un emergente de valores totalmente distorsionados por los que el trabajo y la inversión han dejado de ser recompensados para ser castigados.